Els darrers de l´Illa (Los últimos de la Isla).

Libros, caminos y días dan al hombre sabiduría”. Proverbio árabe.

El próximo día 23 de Abril se celebra el Día del Llibre coincidiendo con la festividad de Sant Jordi y no se me ocurre mejor momento que sus vísperas para emitir mi reseña sobre Els darreres de l´illa. Literatura de viatges i les Illes Balears, de Sebastià Perelló.

Recibí este libro de la Librería Agapea, como parte de la Campaña de Fomento de la Lectura que el Gremi de Llibreters de Mallorca ha organizado este año 2.015 en colaboración con Mallorcablogs, la Asociación de blogueros de Mallorca a la que pertenezco. Nuestra participación es desinteresada y voluntaria: las librerías asociadas a la campaña nos ceden un libro para que, tras leerlo, hagamos una reseña y la publiquemos en nuestros blogs.

Sebastià Perelló, el autor, filósofo de formación, ha publicado varios volúmenes de narraciones y también se dedica a la crítica literaria. El subtítulo de su relato escrito en mallorquín Literatura de viatges i les Illes Balears, define bien el contenido que desgrana en algo más de cien páginas. Se trata, en realidad, de la unión de dos extensos artículos que en el año 2.006 publicó en la revista Lluc, a los que añadió una introducción.  Los buenos libros, como las buenas casas, nunca muestran desde el principio su mérito y éste no es una excepción, aunque enseguida engancha.

Tras una completa reseña histórica, entra de lleno en las diferentes visiones que sobre las Islas Baleares han venido dando los escritores de viajes, desde Al-Maqqari a Robert Graves, pasando por George Sand, El Archiduque Luis Salvador de Habsburgo-Lorena, Jovellanos, Josep Plá, Santiago Rusiñol y muchos otros que nombra con profusión de detalles.

A las Baleares en la antigüedad se las veía como lugar mágico, habitadas por extraños seres de prodigioso primitivismo, tierra alejada, de hábiles honderos —foners— que se integraron en los ejércitos púnicos en su resistencia contra Roma y en tiempos, refugio de peligrosos piratas. Lugar también de exilio de personajes incómodos, la relegatio in insulam de los romanos, siendo en el imaginario popular lugar de paso y de llegada, fin del viaje y punto de partida a la vez.

La conquista de Mallorca por las tropas aragonesas del Rey don Jaime-I, El Conquistador, supone una inflexión cultural que marcará en adelante la Historia de las Baleares, que nunca más serán refugio de corsarios sarracenos y se transformarán en una sociedad cristiana occidental, a la par de lo que sucedía en el resto de Europa.

En el siglo XVIII, edad de oro de la literatura geográfica, apareció el viajero ilustrado que se trasladaba por el placer intelectual de conocer el mundo y ensanchar el horizonte de las Ciencias, mediante la investigación científica amparada por la luz de la Razón. Y aunque las Baleares quedaron un poco al margen de los grandes viajes de los ilustrados, bajo sus ojos representaban una suerte de paraísos perdidos que solo el pensamiento podía recuperar. Su situación apartada de las grandes rutas, las convirtieron en una suerte de reserva imaginaria en las que aún se conservaban cualidades míticas que se habían perdido en el continente.

El XIX trajo el romanticismo y con él, el gusto por el Orientalismo y el exotismo de Sur. Las Baleares, en su singularidad, vinieron a ocupar el lugar, cercano pero remoto a la vez, en el que encontrar, merced a su salvaje Naturaleza, el refugio y la evasión buscada por los espíritus sensibles: un mundo original y aún incontaminado. El viajero romántico, en contra de la visión científica de los ilustrados, ponía el énfasis en la aventura y en la Naturaleza, en los paisajes primigenios y en las ruinas, como imagen de la fugacidad del tiempo. Aunque en muchas ocasiones, caso de la escritora —Georges Sand—, lo que encontraban era una sociedad cerrada y conservadora que en nada se parecía a la idea imaginada de exotismo oriental que se habían pintado. Pero la magia, el misticismo y la fuerte atracción del idílico aislamiento insular a punto de desaparecer, dejaron su impronta en los viajeros.

Los inicios del XX trajeron la revolución del transporte y la cada vez mayor facilidad de acceso, comenzó a fraguarse lo que es el turismo tal como lo conocemos hoy y la tan denostada balearización,  desastre turístico de nuestras costas. En este punto del libro, el autor destila una suerte de melancolía por todo lo que dicho fenómeno se ha llevado consigo; este sentimiento está más que justificado —hay que decirlo—, aunque según mi parecer, habría que circunscribirlo más a las zonas costeras de turismo masivo, que al interior de Mallorca y del resto de islas donde, en general, se mantienen o recuperan —cada vez mejor— estructuras urbanas y tradiciones que evolucionan inevitablemente con los tiempos que nos toca vivir.

En definitiva una visión muy interesante, apasionada y algo dolida —sentimiento y pasión van unidos— de la evolución de las Baleares y de cómo las islas fueron y son vistas por los viajeros que recibimos, los de verdad, los que van más allá de las meras fachadas de los iconos turísticos. Aquellos que, como Rubén Darío, tras conocer Mallorca, escribe “Hay en mi un griego antiguo que aquí descansó un día, después de que le dejaran loco de melodía las sirenas rosadas que atrajeron su barca.

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Els darrers de l´illa. Literatura de viatges i les illes Balears.

Sebastià Perelló 2.014

Lleonard Muntaner, Editor

ISBN: 978-84-16116-09-06

Librería colaboradora: Agapea, C/ Marqués de Fontsanta, 6, Palma de Mallorca.

Nota del autor: Reseña escrita por www.perdidoenmallorca.com bajo las premisas del Código de Confianza C3C.

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